viernes, 4 de septiembre de 2015

CUÁNTO NECESITAMOS PARA RETIRARNOS Y EL AMIGO QUE VIVE EN SU CARROMATO EN ENTORNO NATURAL




En el post anterior hablábamos de las obsesiones, y una de ellas es la del “trabajólico” o el que tiene la imperiosa necesidad de trabajar compulsivamente sin a veces ser consciente de ello. Este blog, titulado VIVIR SIN TRABAJAR, puede despertar la curiosidad del que lo vea por primera vez precisamente debido a este nombre. Es muy probable que todo el que lea dicha frase aquí por primera vez piense “bah! La quimera de todos, ya va a contar alguna milonga éste o hablar de la primitiva y demás”.
Nada más lejos de la realidad, ese sueño que todos o casi todos podemos tener, sobre todo cada mañana cuando nos suena el despertador a las 6-7-8 de la mañana, no es imposible en todos los casos. A base de trabajo, constancia, y esfuerzo, estoy convencidísimo que se puede lograr. Evidentemente y huelga decirlo, no es para nada sencillo ni inmediato, eso es obvio.

Cada día más me encuentro con gente que busca sin cesar esta vía de escape, incluso algunos conozco que lo han logrado. Se trata de la antítesis del trabajólico. Depender día a día de un mercado laboral incierto, y de los caprichos de los políticos de turno es un estrés añadido a las no fáciles vidas que no han tocado tener.
Pero…¿y cuánto necesitamos para dejar de trabajar? Si hacemos esa pregunta a mucha gente, no obtendremos dos cantidades iguales. Cada cual dirá una cifra. La gran mayoría de hecho pensará en cantidades que nos den para vivir “tirando” de ellas. Es decir, pueden calcular “yo gasto al año 20.000 euros, y voy a vivir unos 50 años”, pues diría 1 millón de euros. Es el cálculo más típico. Cada cual tiene sus circunstancias, necesidades, aspiraciones, posibilidad de hipotecas, casas, hijos, etc, etc. No se puede decir que dicha cifra siquiera coincida para dos personas distintas. Es por esta razón que es un cálculo personal que cada cual debe realizar para sí mismo.
Pero…¿y el dinero hacerlo trabajar para nosotros? En ese caso no tendríamos que irnos “fundiendo” dicha cuantía. Yo les llamo “los enanitos que trabajan para nosotros”. Sí, en silencio, mientras dormimos, mientras comemos, mientras respiramos. Tener ahorros y no hacerlos trabajar es una oportunidad perdida. En muchos casos no se es consciente de ello, pero cuando te das cuenta de esta opción, resulta clave para nuestro funcionamiento.
Volviendo a la cifra que necesitaremos, debemos tener en cuenta las “desviaciones o cuestiones inesperadas” que nos surjan durante la vida. Esta razón hace que la cantidad de la que partir para tener el punto “0” de no trabajar, debe ser un coeficiente mayor que “uno coma algo” por encima de dicha cantidad.
A partir de aquí es un mundo todo, opciones, planes de pensiones, bolsa, arriesgar en loterías, invertir en inmobiliario, en empresas a constituir, en cualquier cosa que se nos ocurra que de rentas. Teniendo además en cuenta como hemos comentado otras veces la incertidumbre que lleva el futuro de las pensiones, hace que este tema sea imprescindible no sólo para “vivir sin trabajar” (quizá antes de los 50 o 60), sino también para cuando superemos los 67 y el estado nos dé una patada en el culo, cuestión harto probable.



Para hoy como ejemplo ilustrativo de la diversidad de opciones que hay en la vida, voy a contar un caso personal que me llama mucho la atención y que me ha hecho reflexionar sobre las opciones de vida. Vidas hay una, no olvidemos, y cada cual debe buscar su horizonte.

Contexto: yo soy de Sevilla, y tengo una amiga extranjera del norte de Europa. Esta amiga vivió aquí una temporada, y embriagada del ambiente andaluz, clima, forma de vida y carácter de la gente hace que volver a su tierra fría del norte le haya costado un mundo. A menudo vuelve (cautivada por la tierra). En una de estas vueltas a andalucía, se enamora de un “hippie” en una playa del sur.  Decide dar un paso importante, dejar su vida en su país de origen, alquilar su vivienda, dejar su trabajo y venir con el “hippie”. 

¿La vida que llevan? Pues viven en una especie de caravana o rulot folclórica en una finca “prestada” de 6 hectáreas, con caballos, sin luz, sin agua más que la de un pozo, y en medio de la naturaleza, a pie de playa y en un entorno paradisíaco de los que no quedan. Envidia me dio observarlo con mis propios ojos. ¿Para sobrevivir? El chico da rutas turísticas a caballo por ese bello entorno, y la playa a turistas, (sobre todo en verano) con lo que les da para cubrir sus necesidades. En invierno no se cuán factible será vivir allí, pero en verano al menos a mí me pareció todo un lujo. Pero más lujo me parece no tener horarios, no tener la vida de la mayoría de los españolitos de a pie, sin estrés, en naturaleza, con su huerto, su carromato convertido en “rulot”, su playa, su ropa cómoda, desconectado de los jefes, hipotecas, y necesidades tecnológicas de los que la mayoría dependemos. La verdad es que  no me cambiaba por ellos porque tiene sus grandes inconvenientes a los que muchos no nos acostumbraríamos, pero como opción de vida y como “no necesidad” de grandes dispendios económicos me pareció una opción válida como otra cualquiera. 

Al fin y al cabo en la vida deseamos la felicidad…¿quién no? y en este caso un señor del norte de España, y una extranjera procedente de tierras frías afincados en uno de los últimos rincones paradisíacos del sur de Andalucía con playas sin explotar (con lo que ello conlleva) en un entorno tan maravilloso y con esa forma de vida me ha dado mucho que pensar….

Como decíamos, vida hay una nada más, y cada cual debe buscar la suya y lo más cercano posible a la felicidad. El hippie y la guiri pueden haber encontrado el suyo.