martes, 5 de enero de 2016

¿POR QUÉ NOS DEJAMOS ENGAÑAR? ESTAFAS FINANCIERAS, ESQUEMAS PIRAMIDALES, PROMESAS DE INTERESES FABULOSOS...



No falla nunca: tú propaga el olor a dinero fácil y las víctimas acudirán en tropel. Ni el mejor de los inversores está a salvo de su propia codicia. Ya hemos dedicado algún post anterior a temas similares, pero lo considero fundamental en cuanto a tenerlo presente para evitar posibles situaciones en nuestras carnes.

Los funcionarios americanos que en 2008 revolvían los archivos de Madoff se preguntaban cómo era posible que este hombre hubiera timado 50.000millones de dólares desde sus oficinas del edificio Lipstick (pintalabios) en pleno Wall Street. Se trataba de la mayor estafa de la historia. Un señor de 70 años, y no había embaucado a un montón de gente moviendo cubiletes de trilero en la Quinta Avenida,

sino que había desplumado a gente poderosa como Santander, Spielberg, etc. ¿Cómo se fiaron? POR LA CREDULIDAD. La fe ciega en una persona es el trasfondo de todo esto. Tenía fama de buen gestor, sus fondos siempre eran rentables, y en épocas en que un 6% era un logro, él ofrecía hasta un 12%. Y todos se fiaban de él. Se trata del clásico "Si mi vecino se forra por qué no iba a hacerlo yo".

No es el primer ni último caso. Conocido es lo sucedido en Holanda en el siglo XVII. El caso de los tulipanes. Todo el mundo compraba y vendía tulipanes, subían de precio y daban ingentes beneficios. Incluso la gente se empañaba (casas, caballos, joyas) para comprar esas exóticas flores. Hasta que un día alguien se dio cuenta que era una estupidez y dejó de fiarse. Todos siguieron su estela y comenzaron a vender. El precio se derrumbó y arruinó a miles de familias. Fue la llamada TULIPOMANÍA.

(En la imagen se ve una sátira pintada por Jan Brueghel en 1640, la manía del tulipán. Se ven episodios de la crisis, de izquierda a derecha, el pesado de los bulbos, el apretón de manos con el que los comerciantes sellan el trato, la contabilidad de los beneficios, la detención de un especulador, y los llantos de las víctimas que lloran y orinan sobre las flores malditas)







 

Se trata de una conducta humana instintiva: ir detrás del carro de la fortuna aunque no se sepa muy bien qué tira de él. Charles Ponzi, en los años 20 (antes del crash del 29) ofrecía beneficios superiores al 50% en 45 días. Su nombre da lugar al mecanismo: Esquemas PONZI o piramidales. Los humanos tienen la tendencia de seguir a otras personas.

No muy diferente era el caso de Forum Filatélico y Afinsa, dos empresas que prometían jugosas cantidades invirtiendo en sellos. El sistema funcionaba siempre que entraran nuevos inversores, cuyos fondos sostenían a clientes más antiguos.  Bajo mi punto de vista somos muy ambiciosos, y también los medios de comunicación han puesto su granito de arena para fomentar el fenómeno del "engañabobos": "manda un mensaje al 0087 con la palabra xxx y ganará un millón de euros". Los valores sociales modernos se basan en eso, en la ilusión de dar un pelotazo. Todo lo que es tocado por este mito funciona. Ya lo dicen los programas: "quien quiere ser millonario?".

Hoy en día muchos hemos pasado por las cartas nigerianas: un email en el que se presenta una supuesta princesa africanaque ha recibido una gran herencia, pero necesita una cuenta corriente para trasladar esa jugosa fortuna, ya que las autoridades de su país le impiden sacarla. El imprudente recibirá el 10% de esa suma. Corre el tiempo y se abonan costes "funcionarios" y la transacción nunca llega, todo siempre a cargo del "primo".

Terminamos recordando la historia de Pepe "el del Popular". Asturiano y responsable de la oficina del banco popular en Santander. Ofrecía el 12% a los clientes que le confiasen su dinero. Muchos clientes dejaron que Pepe les llevase sus cartillas. Las anotaciones de este personaje las hacía en máquina de escribir. Pepe se fugó a México con 36 millones de euros. Pepe fue detenido por la interpolen Veracruz cuando fue a pedir un visado.

Credulidad, ignorancia, codicia...un cóctel de elementos sin fin que hacen que piquemos en la vasta red de estafadores que nos rodean. Y lo peor es que el mal no tiene cura.