domingo, 22 de marzo de 2015

REFLEXIONAR SOBRE OPCIONES DE VIDA




Pretendo dar una visión realista a la situación actual.

Siglos atrás existían los nobles y los plebeyos, la clase dirigente y la clase obrera, los esclavos y demás. En el siglo XXI nos educaron para obtener una carrera, una familia, un trabajo, hijos, etc.

La visión habitual nuestra es entrar en una gran empresa, ir subiendo de puesto (la manida frase de la “carrera profesional”), ganando un mejor sueldo, mayores responsabilidades, etc. 

Cada día que pasa, veo que nos han “timado” en mayor modo. ¿Por qué? Pues porque primero, nadie se enriquece trabajando para otro, y segundo, a mayor sueldo, mayor responsabilidad, mayor IRPF que
pagamos, etc. Si cobramos 30.000€ brutos anuales estaremos ganando poco más de 1.500€ al mes con 14 pagas, no está mal, no? pero si tenemos que pagar un techo, coche, comida, gasolina, seguros, etc, etc…¿nos sobra algo a finales de mes? Probablemente nada o poco. Eso sí, pensaremos que queremos subir en nuestra empresa. Está bien, llegamos con el tiempo y esfuerzo a un gran puesto, jefe de jefes, ganamos 40.000€, bien, éxito. Pues prácticamente estaremos ganando 2.000€ al mes, mucho más que la mayoría de nuestras amistades, y podremos presumir con el vecino del puesto de mi hijo o de mi hermano. Muy castizo esto. Además el que llega arriba en esa empresa de la que hablamos, normalmente la defenderá porque ha ido adquiriendo ese “valor”. No obstante, es susceptible igual o más que el de abajo a ser finiquitado por la empresa en cualquier momento, en el momento que alguien más barato haga lo mismo o en el momento en que a la empresa no le salgan las cuentas.

Bajo mi punto de vista, tanto uno como otro son los que yo llamo los ESCLAVOS DEL SIGLO XXI, gente que trabaja en oficinas en una rutina creada en muchos casos insoportable, o por cuenta ajena en un contexto más amplio. El problema es que en ese rol estamos la mayoría de la población de los países desarrollados. ¿Dónde están los nobles? En otro escalón y sin las preocupaciones mundanas de pagar la hipoteca o la gasolina. ¿Podemos hacer algo aparte de quejarnos? Sí, luchar por evitarlo, aún y con las reglas del juego de que disponemos. Una de las vías es ser emprendedor, con los riesgos que esto supone, y otra es la que tiene por referencia este blog, que es el hecho de la LIBERTAD FINANCIERA.

En el colegio no nos enseñaron esto, tampoco en la universidad, ni siquiera los que estudiaron económicas lo tienen presente en muchos casos. Pero cada vez más nos empezamos a preocupar por nuestras inversiones. Pensar en inversiones, y maximizar las mismas es un hecho de alta importancia, y que no valora gran parte de la población.

Son los enanitos a los que hacíamos referencia en posts anteriores, esos señores invisibles que “trabajan” para nosotros cuando estamos durmiendo o haciendo cualquier actividad de ocio, los que nos darán dinero sin trabajar, los que pueden mejorar nuestra calidad de vida sin el duro esfuerzo de horas y horas de trabajo.
Es importante, a la par que obtener ingresos extra, por supuesto, el controlar los gastos. De nada sirve maximizar la rentabilidad de los ingresos, o buscar inversiones interesantes, si por otro lado nos gastamos todo lo que tenemos en caprichos innecesarios, o consumismo. Se debe llegar a un equilibrio de compromiso que merezca la pena.

“Quien vive con más desahogo no es el que tiene más, sino el que administra bien lo mucho o poco que tiene,” Angel Ganivet.